Una mirada sobre la evaluación en el siglo XXI

Una mirada sobre la evaluación en el siglo XXI

Por Ariel Gonzalez[1]

Para esta primera publicación del nuevo newsletter del INSU, desde los que llevamos adelante el secundario queremos compartir con todos ustedes algunas líneas sobre un tema muy cotidiano y complejo a la vez el cual es “la evaluación”.

Hablar de evaluación nos remite a todos los que somos docentes pensar en algunos autores clásicos de las ciencias de la educación como Paulo Freire, Miguel Santos Guerra y otros más que coinciden en que la evaluación educativa es un proceso que permite medir los aprendizajes de los estudiantes y tomar decisiones para mejorar la calidad de la enseñanza.

Ahora bien, ¿Cómo se piensa la evaluación en el siglo XXI? Desde la escuela (y apoyándonos en los nuevos marcos teóricos)   entendemos que la evaluación es la observación y análisis de un proceso educativo y formativo. La evaluación es una ponderación de un recorrido académico, tanto teórico como práctico de los estudiantes. Ponderar es contemplar todo, observar el comportamiento del rendimiento escolar. Es imaginar un gráfico de curvas que nos muestra cómo empezó y cómo terminó el estudiante la cursada de cada materia.

Ese proceso de evaluación se planifica teniendo en cuenta algunas preguntas básicas y fundamentales por parte de los docentes como lo son: ¿Qué se evalúa? ¿Cómo se evalúa? ¿Por qué se evalúa? ¿Para qué evaluamos?. Si obtenemos todas las respuestas de estas preguntas acerca de un tema, es ahí cuando se completa el recorrido del proceso de evaluación.

En la actualidad del INSU, la evaluación es contínua, valorativa y no promediable. Todo el tiempo se está evaluando a nuestros estudiantes. Sus actitudes con y hacia los demás, sus decisiones frente a la asignatura, sus saberes previos traídos a la clase, sus conocimientos aplicados en la resolución de actividades son elementos de evaluación.

Hoy la evaluación escrita individual es una instancia más de muchas otras formas de evaluar a los estudiantes. En tiempos anteriores, “la prueba” era el único indicador que validaba los conocimientos de los niños y jóvenes en la escuela. Si un estudiante se ponía nervioso por la situación y “fallaba”, todo se reducía a una baja calificación numérica, y que además se promediaba (fomentando frustración y/o especulación).  Parecía que ahí se terminaba todo lo bueno o todo lo malo. Por suerte, las nuevas perspectivas sobre la evaluación se modificaron introduciendo el concepto previamente mencionado de “ponderación”. Esto está inscripto en el contexto de la educación inclusiva.

Como dice la pedagoga Rebeca Anijovich “Los desafíos son cómo evaluar desde la diversidad, incluyendo a todos. Antes el conocimiento y la evaluación era estandarizado, hoy es artesanal” .

Cada estudiante tiene el derecho a la educación como así también tiene la obligación de estudiar. Esos derechos y obligaciones a su vez deben ser personalizados. Como dije anteriormente, es un desafío que no debe dejar a nadie afuera. Es por esto, que la evaluación debe ser amplia, innovadora y heterogénea. Debe ser educativa y formativa.

Desde el año pasado (Ciclo Lectivo 2024), comenzamos a introducir las rúbricas en el proceso evaluativo para generar una retroalimentación de los aciertos y aspectos a mejorar de cada estudiante en sus asignaturas.

Las rúbricas son un instrumento objetivo que permite a los docentes orientar y retroalimentar a sus estudiantes. Una rúbrica de evaluación es una herramienta que establece criterios de evaluación para medir el desempeño de un estudiante. Se presenta en forma de tabla, con filas de criterios y columnas de niveles de logro.

A partir de este año, seguiremos trabajando para ampliar la presencia de esta herramienta en el proceso de evaluación de todas las asignaturas.

Para finalizar, esperamos que este breve artículo sirva para entender cómo se piensa y lleva adelante la evaluación en estos momentos. Una educación, una evaluación, una población docente y estudiantil diferente a la que transitamos en nuestra experiencia del secundario. Los tiempos cambian y la educación no es ajena a esas transformaciones.

En unidad y esperanza, los saludo fraternalmente.

Lic. Ariel Gonzalez

Rector INSU (A-297)